El valor del seguro

por Mijail Roman Korobochkin

Los seguros son una parte fundamental de una sana planeación financiera. El no contar con los seguros apropiados puede llegar a costarnos cantidades importantes de dinero y puede acabar en un instante con el patrimonio que hemos logrado a través de muchos años de trabajo.

Cuando enfrentamos cualquier tipo de riesgo, tenemos 4 alternativas:

  • La primera es evitarlo. Por ejemplo, si no queremos que nos roben nuestro auto, procuramos no estacionarlo en lugares poco iluminados, evitamos pasar por colonias de “mala reputación” si es posible, manejamos respetando el reglamento para evitar choques. Procuramos no comer en lugares que se ven antihigiénicos para evitar intoxicarnos. Pero, a menos que renunciemos totalmente al uso de nuestro auto, y a comer no podremos eliminar en un 100% la posibilidad de sufrir un siniestro en éste, sea nuestra culpa o no.
  • La segunda alternativa es mitigarlo o reducirlo. Algunos ejemplos de ello son colocarle a nuestro auto una alarma o película anti-asalto y acudir regularmente a check-ups médicos. Con ello pretendemos disminuir la probabilidad de tener que enfrentarnos a un siniestro que nos podría salir mucho más caro que las medidas preventivas que tomamos, pero como se mencionó arriba, estas medidas no eliminan la posibilidad de que algo malo suceda.
  • La tercera alternativa es asumir el riesgo. Podemos (más bien debemos) tener un fondo de emergencia para afrontar un siniestro, como pueden ser un choque o una enfermedad. ¿Pero qué pasaría si el costo del siniestro es mayor a lo que hay en nuestro fondo de emergencia? Tendríamos que conseguir la diferencia en algún lado, ya sea pidiendo prestado, vendiendo algún bien o liquidando una inversión antes de tiempo.
  • La cuarta alternativa es transferir el riesgo. Esto se logra a través de una póliza de seguro, donde la compañía aseguradora asume una gran parte del impacto económico de un siniestro, ya sea de auto, salud, propiedades, o de nuestra propia vida. En caso de que suceda un siniestro, la aseguradora, a cambio del pago de una prima, garantiza el pago de una suma asegurada. Con las primas cobradas a sus clientes, la aseguradora mantiene las reservas necesarias para poder afrontar los siniestros que sucedan a sus asegurados en cualquier momento.

La mejor estrategia es combinar todas estas opciones: teniendo las precauciones razonables en cuanto a nuestros bienes y personas, manteniendo un fondo de emergencia para cubrir siniestros pequeños (o los deducibles de siniestros grandes) y contratar los seguros que se adapten a nuestras necesidades y posibilidades. Esto le permitirá enfocarse en otras cosas en vez de preocuparse por las pérdidas económicas derivadas de un siniestro.

Como se puede ver en los ejemplos anteriores, existen diversos tipos de seguro que nos ayudan a hacer frente a distintos problemas. Los principales tipos de seguros son:

  • Seguros de daños, con los que podemos asegurar nuestras propiedades, como edificios (casas y empresas), sus contenidos, nuestros vehículos, así como nuestra responsabilidad civil por daños que causemos a terceros, ya sea en sus bienes o personas. Es impresionante mencionar que el seguro de responsabilidad civil de nuestros vehículos, a pesar de ser obligatorio (y muy económico), la mayoría de los mexicanos se arriesgan diariamente circulando sin una póliza que garantice el pago de los daños ocasionados en caso de haber provocado un accidente. Así mismo, siendo el hogar el principal patrimonio de las familias, muy pocas tienen una póliza que los cubra contra un incendio, terremoto, inundación o robo. Adicionalmente, este tipo de póliza puede cubrir al personal doméstico, en caso de un accidente, tanto en la reposición de los objetos dañados del propietario, como (aún más importante) los gastos médicos que requiera el empleado para su recuperación.
  • Seguro de Gastos Médicos Mayores. Este tipo de seguro nos protege en los casos que tengamos un accidente o se nos diagnostique una enfermedad. Son incontables las familias que han tenido que malbaratar su patrimonio debido a la urgencia de hacer frente a los gastos médicos de un familiar, cuando la alternativa de contratar una póliza hubiera sido mucho más económica. Es muy importante recalcar que todas las pólizas de seguro se deben contratar antes de cualquier siniestro, pues una vez diagnosticada la enfermedad o sufrido el accidente, la aseguradora ya no podrá asumir el riesgo ya que se trataría de una preexistencia. También hay que tomar en cuenta en el seguro de Gastos Médicos Mayores, los periodos de espera que se aplican para algunas enfermedades, por lo que el mejor momento de contratar una póliza es cuando se goza de buena salud. De igual manera, hay que tomar en cuenta que la principal diferencia entre los servicios de salud pública y la privada, no son la calidad de los médicos ni los equipos con los que cuentan, sino la oportunidad en la atención, pues a pesar de que el IMSS, ISSSTE y otras dependencias de gobierno cuenten con excelente personal y equipos en algunos de sus hospitales, el llegar a éstos puede tardar demasiado tiempo, espera que nos puede costar inclusive la vida.
  • Seguro de vida. Es, en mi opinión, el más importante, debido a que lo peor que pudiera pasarnos en caso de perder un bien, es que tengamos que trabajar duramente durante varios años para volver a conseguirlo, pero se han preguntado, ¿Qué sería de mí y mi familia si un día pierdo la capacidad de levantarme por las mañanas para ir a trabajar? ¿Podremos seguir manteniendo nuestro estilo de vida? ¿Quién pagará por mis cuidados y/o la educación de mis hijos? También echaría por tierra cualquier plan de inversión o ahorro de largo plazo pues no habría recursos para seguir aportando al mismo. Este precisamente es el objeto de una póliza de Seguro de Vida, ya que le pagará al asegurado una cantidad en caso de invalidez total y permanente, y/o a sus beneficiarios en caso de que el asegurado llegara a fallecer.

En resumen, el principal valor de contar con un seguro se encuentra en la tranquilidad que nos da el saber que si llegáramos a tener un siniestro, éste no afectaría de forma tan severa nuestra situación financiera, y sobre todo, en el caso del seguro de vida, que si llegáramos a faltar, nuestros seres queridos no se verían en la necesidad de superar junto con la enorme pérdida emocional, una pérdida financiera.